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La verdad de Dios es el fundamento de la justicia


Moisés recibió los Diez Mandamientos hace más de tres mil quinientos años. Ted Koppel, un reportero de televisión, comentando sobre los Mandamientos, declaró hace unos treinta años que Dios le dio a Moisés los Diez Mandamientos, no las diez sugerencias. Siempre pensé que la declaración de Koppel era muy perspicaz, pero he llegado a la conclusión de que la mayoría de la gente ni siquiera reconoce los Mandamientos como sugerencias. Mientras que los seguidores de Cristo siguen la ley superior de "amar a Dios y amar al prójimo", no rechazamos los Diez Mandamientos como requisitos para vivir de acuerdo con el carácter de Dios. Yo entiendo que los Diez Mandamientos representan dos aspectos de la revelación divina.


El primer aspecto de la revelación es el carácter de Dios. Dios es Uno, y nadie más puede reclamar ningún aspecto de divinidad fuera del Dios de la Biblia. El segundo aspecto es que los Diez Mandamientos han codificado la condición pecaminosa del alma humana. Creo que la razón por la que Moisés escribió los Mandamientos desde una perspectiva negativa fue, precisamente, para revelar la naturaleza corrupta del corazón humano. Por lo tanto, el mandamiento "no darás falso testimonio contra tu prójimo", revela que la tendencia natural de los seres humanos es mentir contra otras personas para obtener beneficios económicos o venganza, etc.


El mandamiento de "no darás falso testimonio contra tu prójimo" se refiere principalmente a la adjudicación imparcial de la ley. Cuando la gente dan falso testimonio en un procedimiento legal, ellos distorsionan la integridad del carácter de Dios y el resultado lógico es injusticia contra los que vienen buscando justicia. El carácter imparcial de Dios no puede permitir que los culpables queden impunes, o que los inocentes sufran injustamente. Los falsos testigos son un veneno que protege a los culpables y resulta en injusticia en contra los inocentes. El objetivo del falso testimonio es, precisamente, para proteger al culpable y arremeter contra el inocente. De lo contrario, no habría razón para mentir. Dios sólo acepta la verdad, y cuando la verdad es corrompida, la injusticia reina suprema. La Iglesia no pueden ocultar la verdad, alentar el falso testimonio o defender a quienes calumnian a los inocentes y encubren a los culpables, en ninguna circunstancia.


Permítanme darles un ejemplo. En 1995, mientras estaba estacionado con el Ejército de Estados Unidos en Corea, oímos la noticia de que O. J. Simpson había matado a su ex-esposa y compañero. Cuando escuché la noticia, le dije a mi asistente de capellán que Simpson era culpable del crimen, pero que iba a salirse con la suya. Después de un juicio corrupto, todo el mundo sabía que Simpson fue el asesino, y sin embargo, quedó absuelto de uno de los crímenes mas notorios en la nación. Recuerdo a mucha gente celebrando el resultado del juicio, pero no porque un hombre inocente había sido exonerado. No. Ellos estaban celebrando porque un hombre culpable había vencido al sistema.


En el caso de Simpson, ni los abogados, ni el jurado, ni el juez estaban buscando la verdad que condujera a un veredicto justo. Ellos estaban buscando una forma de exonerar a un culpable, y eso fue lo que hicieron. Las pruebas no importaban. Los abogados retorcieron la verdad en pretzels. El juez permitió que el engaño se presentara sin cuestionarlo, y el jurado entró en la sala del tribunal decidido a exonerar a un culpable de doble asesinato. Por cierto, si todavía piensas que Simpson está activamente buscando al asesino, eres parte del problema, y no puedes ver la verdad. Para mí, como cristiano, la cuestión no es si los abogados eran inteligentes, o si los fiscales eran incompetentes, o si el juez era corrupto. La pregunta para mí era, y es, ¿Fue O. J. Simpson el asesino de su ex-esposa y de su compañero? La evidencia mostró que era culpable, y debió haber sido sentenciado a cualquier castigo que la ley requiera. Fin de la historia.


Cualquier sistema legal que no exija y haga cumplir la verdad es una abominación para el Señor, y los cristianos no deben ser parte de tal sistema. Cuando el sistema legal, los tribunales, los abogados y los jueces, que son responsables de proteger la integridad de las leyes, abandonan la verdad, entonces, la injusticia reinará en todos los niveles del sistema. Los cristianos deben recordar que cuando el falso testimonio se convierte en la norma para el discurso público, la Iglesia se convertirá en el blanco de un gobierno secular corrupto. También debemos recordar que la Iglesia es la única salvaguarda contra la injusticia, y cuando los hombres corruptos quieren gobernar, deben reducir a la Iglesia a un estatus irrelevante.


La Iglesia, como guardián del carácter de Dios y como única salvaguarda para la justicia en el mundo, no puede darse el lujo de ser ignorante con respecto a los planes del diablo, como Pablo advirtió a la iglesia de Efesios (Efesios 6:11-20). Si la Iglesia pierde su capacidad de discernir la verdad, entonces, la sociedad en general se convertirá en una depravación más profunda. En el caso de O. J. Simpson, él no era el único que estaba siendo juzgado. El sistema judicial estaba siendo juzgado, y fracasó en el requisito bíblico de justicia. Durante mucho tiempo he creído que el caso Simpson es una metáfora que expuso la corrupción que se había estado infiltrando bajo la superficie en el sistema judicial. Con este caso, cualquier pretensión de que nuestro sistema legal estaba dedicado a la justicia fue expuesta como una farsa. La corrupción que la mentira produce ha impregnado todo el sistema judicial en los Estados Unidos, y este sistema injusto se ha vuelto más flagrante. La corrupción en el sistema judicial no se limita a permitir que los culpables salgan libres. También permite el encarcelamiento de muchas personas inocentes, destruyendo sus vidas.


Cuando el mundo abandonó la verdad, también abandonó la posibilidad de que podamos encontrar justicia en estructuras creadas por hombres que han abandonado la ley divina. Puesto que la justicia está basada en la verdad, y ya no es posible en un mundo secularizado que no considera a Dios, no es posible que encontremos justicia en dicho mundo. Los poderosos insisten en que buscan justicia social, ambiental, y racial. Ninguna de estas justicias con adjetivos está basada en la verdad de Dios y, como tal, son lápiz labial en un cerdo que no cambia la naturaleza del cerdo. La justicia de Dios no puede existir sin la verdad, y cualquier sistema humano que rechace la verdad de Dios es, por su propia naturaleza, prejudicial, parcial e injusto. Piénsalo un poco. ¿Puede alguien esperar que la verdad y la justicia puedan proceder de personas que creen que hombres adultos deben compartir baños con niñas porque ellos dicen ser mujeres? La Iglesia debe buscar la verdad a toda costa porque sin ella, incluso la posibilidad de justicia nos eludirá.

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